Estamos en pleno auge de uvas locales, recónditas y minoritarias. ¿Es razón suficiente para olvidarse de grandes clásicos como la cabernet sauvignon? Dos catas verticales de los dos cabernets más antiguos de nuestro país, Jean León y Mas La Plana, han dejado clara la gran capacidad de esta variedad para aguantar en la botella.
La cabernet sauvignon está considerada una de las uvas tintas más nobles del planeta vinícola. Sus atributos: estructura, gran carga tánica y marcada personalidad (grosellas, sotobosque). Forma la columna vertebral de gran parte de los tintos de Burdeos incluidas muchas de sus marcas más legendarias. De ahí que se haya exportado con éxito a los viñedos de medio mundo y que quien quisiera hacer un gran tinto en los años sesenta, setenta, ochenta y también en los noventa pensara “en cabernet”.
El primero que tuvo la idea en España fue el santanderino emigrado a USA Ceferino Carrión, renombrado Jean León, a tono con el glamur que cabía esperar del propietario del restaurante de Beverly Hills La Scala, por el que pasaban todas las estrellas de Hollywood. En los sesenta llegó al Penedès, decidido a hacer un tinto a imagen y semejanza de los de Burdeos. 1969 fue la primera añada de su cabernet de la viña La Scala (el Jean León Gran Reserva), la parcela más pobre y pedregosa de su finca.
Con la cosecha 1970 y también en el Penedès, la familia Torres lanza el que hoy es su Mas La Plana (entonces Gran Coronas Etiqueta Negra), otro cabernet de finca que superó, en una cata a ciegas organizada por una revista francesa, a muchos ilustres châteaux de Burdeos. Por cierto, que el destino acabó poniendo las dos marcas en las mismas manos, ya que desde 1994 Jean León pertenece al grupo Torres.
Las dos verticales nos colocaron frente a las cosechas 1975, 1988, 1994 y 2001 de Jean León Gran Reserva y 1971, 1982, 1991, 2001, 2004 y 2007 de Mas La Plana. ¿Cuáles fueron nuestras conclusiones? La primera, que los dos tintos han mantenido su personalidad a lo largo del tiempo: más elegante y depurado en general Mas La Plana; algo más concentrado y racial Jean León. La segunda, que ambos han evolucionado en el tiempo adaptándose a las tendencias del mercado: se ha pasado del roble americano al francés y se ha ido hacia mayores maduraciones y, en consecuencia, grados alcohólicos más elevados, a tono también con los veranos más calurosos que se registran en el Penedès en los últimos tiempos.
Y dos estupendas sorpresas: la excelente forma en que se encontraban las cosechas más antiguas. Mas La Plana 1971, con sus notas balsámicas (hojarasca) y a pimiento asado, muy seco y aromático; fino y con largo final especiado (pimienta). El Jean León Gran Reserva 1975, sorprendentemente entero de color, con mucho carácter terroso (hojarasca) e increíble estructura tánica y acidez que nos hacían imaginarlo imbebible en su juventud. En copa evolucionó a notas de curry, humo, torrefactos y especias dulces.
La cabernet es, sin duda, una uva con gran personalidad y en sus mejores ejemplos alumbra excelentes tintos de guarda: en Burdeos, en California y también en España.



