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Hay savia nueva detrás de muchos de nuestros vinos favoritos. Los creadores de Mauro, Remírez de Ganuza, Vallobera, Artadi, Pazo de Señorans o Carmelo Rodero empiezan a pasar el testigo a la siguiente generación.

Hemos realizado un artículo bastante amplio para La Revista Todovino con información detallada sobre esta joven generación que se está incorporando a las bodegas familiares. También tienen en común que sus padres son  personajes muy destacados en sus respectivas regiones vinícolas, a menudo pioneros o creadores de estilos que han marcado pautas en los últimos años.

¿Qué les diferencia de sus padres?, ¿comparten sus mismos criterios de trabajo?, ¿les cuesta encontrar su hueco en la bodega?, ¿comparten conceptos enológicos? Son algunas de las cosas que les hemos preguntado.

Además, en la última Cata de los Lacres, donde contamos con presencia de dos generaciones de las bodegas Pazo de Señorans y Remírez de Ganuza, aprovechamos para entrevistar a padres e hijos frente a frente. El resultado es este breve vídeo.

Los protagonistas del reportaje.
Eduardo García. Nacido en 1977, es uno de los enólogos jóvenes más brillantes del país. Hijo de un nombre mítico del vino español: Mariano García, creador de Mauro y San Román (Toro), enólogo de lujo de Bodegas Aalto en Ribera del Duero y antes, durante 30 años, de Vega Sicilia. En 2001, Eduardo empezó a trabajar en las bodegas de la familia. ¿Han cambiado tanto las cosas en el mundo del vino en los últimos 30 años? “En la generación de mi padre –contesta Eduardo– el vino lo hacía el enólogo y el centro era la bodega. La generación siguiente, que dispone de más tecnología y conocimientos enológicos, mejora notablemente la calidad y, por último, mi generación, de formación francesa, donde más esfuerzo pone y donde más invierte es en la viña”.

La jovencísima Beatriz Rodero todavía no llega a los 30. Se incorporó en junio de 2008 a la bodega que su padre fundó a principios de los y tiene hoy la responsabilidad técnica de la bodega. De su padre, Carmelo Rodero, que ahora puede permitirse el lujo de viajar más aunque siga muy encima del viñedo, destaca su empeño e ilusión por hacer las cosas bien. “Es muy meticuloso, preciso y pulcro, y admiro su experiencia y su forma de ver la viña”.

Carlos López de Lacalle, el mayor de los tres hijos de Juan Carlos López de Lacalle (Artadi, Rioja Alavesa), realizó sus estudios de enología en Burdeos. Se incorporó a la bodega familiar en julio de 2008 y desde entonces se ha dedicado a conocer todas las áreas de trabajo, campo, producción y comercial, aunque tiene bien clara su orientación enológica. Su primera prueba sobre el terreno ha sido en El Sequé, la bodega de Alicante en la que se trabaja fundamentalmente con monastrell. Para él “un gran vino es siempre lo mismo: obtener una buena uva y manejar lo mejor posible la vinificación”.

En Bodegas Vallobera, Javier San Pedro Ortega (22 añitos recién cumplidos y acabando el grado superior de vitivinicultura) o “Javi Junior”, como le llaman para distinguirle de su padre, lleva haciendo pinitos entre barricas desde los 17 años. De hecho, está siendo el inspirador, junto al enólogo Pablo Echevarría, de una gama de vinos más moderna dentro de una casa que no puede considerarse precisamente clásica y que tiene a Finca Vallobera como su principal exponente. De producción mucho más limitada, el actual top de Vallobera, Terrán, es fruto de la cabezonería de Javier de hacer un tinto a su manera y hace un año se le ocurrió criar una partida de este vino en el mar a cinco metros y medio de profundidad.

Cristina Remírez de Ganuza empezó a trabajar a tiempo completo en la bodega en septiembre de 2008. Tiene 28 años, es bióloga de formación y cursó un máster en enología, viticultura y marketing del vino. Ahora mismo coordina la parte comercial, relaciones públicas y comunicación y en vendimias ayuda en el laboratorio, aunque la idea es, poco a poco, ir quitándole trabajo a su padre. Nos habló de la gran presencia que el vino tiene en la vida de los Remírez de Ganuza, empezado por el hecho de que la casa familiar está en la propia bodega, lo que hace que todo ese mundo “te entre por los poros”.

Vicky Mareque lleva algo más de tres años trabajando en Pazo de Señorans, la bodega que crearon sus padre. Antes de esto, reconoce que el negocio ya tenía una presencia importante en su vida. Como para pedirse unas vacaciones en la cadena local de supermercados en la que trabajaba para estar en el stand de Señorans en alguna de las ferias más importantes del panorama vinícola español.Lo que más le gusta de su trabajo es el trato con la gente y, muy especialmente, el poder compartir la pasión por el vino con todas aquellas personas con las que se relaciona.