Los vinos de Ortega Fournier son unos grandes desconocidos del aficionado español. De hecho, es más fácil encontrarlos en Inglaterra, Alemania o Estados Unidos que en España. Aunque hay una explicación para ello. El proyecto, que es relativamente reciente y se inicia a con la cosecha 2002, forma parte de un grupo que cuenta con bodegas en Chile y Argentina y que nació con la filosofÃa de convertirse en una propuesta vinÃcola multinacional centrada en el segmento de alta calidad. La selección del Club Todovino de diciembre permite probar dos de sus etiquetas más interesantes: Spiga 2006 (en el entorno de los 17 euros) y Alfa Spiga, un tinto de gama alta y especialmente seleccionado que se cotiza en torno a los 30 euros.
El alma máter del grupo e incansable defensor de sus vinos por los cinco continentes es José Manuel Ortega Fournier, un hombre que cambió la velocidad del mundo de las finanzas por las viñas, la tierra, la climatologÃa siempre incierta y los viajes constantes, para dar a conocer sus etiquetas. Instalado en Argentina, paÃs en el que creó su primera bodega, nos confesó que pasa 280 dÃas al año fuera de casa promocionando los vinos de sus tres proyectos. Una de las últimas veces que le vimos (tal y como aparece en este vÃdeo) llevaba una barba extrema que definió como su particular gesto de “indignación†y apenas paró una mañana en Madrid para salir rápidamente hacia Inglaterra (su tinto chileno Centauri iba a servirse en el 70 cumpleaños de Steven Spurrier, uno de los crÃticos británicos más reputados) y de ahà rumbo a Asia para asistir a la cumbre internacional Wine Future Hong Kong que a principios de noviembre reunió a prácticamente todos los gurús del planeta vinÃcola.
La elaboración de los vinos, sin embargo, poco tiene que ver con este frenesÃ. El proyecto de Ribera del Duero del grupo O. Fournier parte de la compra, en 2002, de la bodega y los viñedos de los hermanos San Juan López, en Berlanga de Roa, en la zona burgalesa de la denominación. El principal atractivo era la Finca El Pinar, de 30 hectáreas, que linda con el Duero a lo largo de más de cuatro kilómetros y muchas de cuyas cepas datan de 1946.
Un terruño particular
Uno de los aspectos que José Manuel Ortega destaca de su finca son las marcadas diferencias en las caracterÃsticas de suelo. “Somos capaces de ofrecer –explica– más consistencia en diferentes añadas porque podemos elegir las mejores zonas del viñedo, dependiendo de las condiciones del añoâ€. Desde su punto de vista, en Ribera es mucho más difÃcil elaborar vinos que provengan de un solo viñedo por las difÃciles condiciones climáticas de la zona. Para él, “en terrenos extremos como pueden ser las zonas altas de Ribera del Duero, siempre se está al borde del abismo†pero, en contrapartida, las notables diferencias de temperatura dÃa-noche permiten aportar acidez, sacar la tipicidad de la variedad y elaborar vinos que aguantan el paso del tiempo. Los vinos están supervisados por el enólogo jefe del grupo, José Spisso, que no tiene demasiados problemas para compatibilizar vendimias muy distantes geográficamente pero separadas en el tiempo, gracias a la ubicación de las bodegas del grupo en los dos hemisferios. En Ribera se trabaja siempre con tinta del paÃs o tempranillo y los envejecimientos se realizan fundamentalmente en roble francés.
Spiga, elaborada con cepas de 50 años procedentes de la finca El Pinar, puede considerarse la etiqueta central de la bodega. La cosecha 2006, una añada de transición entre las muy potentes 2004 y 2005 y las climáticamente complicadas 2007 y 2008, consigue reunir en la botella la potencia e intensidad caracterÃstica de la zona con una notable frescura, una textura fluida y una agradable persistencia en final de boca. Sirve para reivindicar el excelente momento de consumo en que se encuentran muchos tintos de esta añada en la Ribera del Duero. En el caso de Spiga, basta con servir y disfrutar.
La cosecha 2005 fue especialmente estructurada y eso se nota en el Alfa Spiga 2005, de modo que gustará a todos aquellos enamorados del carácter poderoso de los riberas. En elaboraciones modernas como las que propugnan en O. Fournier, esa potencia está envuelta por una textura amable y golosa que nos permite disfrutar de toda la fuerza del vino sin el más mÃnimo ápice de agresividad. Acompañado de un plato de cierta contundencia, este tinto se podrÃa convertir en la estrella de la mesa durante estas Navidades.



