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La región vitivinícola histórica de Galicia, cuyos vinos triunfaban en Europa en el siglo XVI, se ha reinventado en los últimos años con inusitado dinamismo. Lo mejor: los nuevos proyectos de dimensiones comedidas que nacen muy cerca del viñedo y la recuperación de la gran riqueza varietal de la zona. No es extraño que empiece a ser conocida como la denominación de los mil vinos.

A diferencia de la albariño en Rías Baixas y de la godello en Valdeorras, que se bastan por sí solas para dar el do de pecho en la botella, la propia naturaleza de la fragante treixadura, con su acidez más bien justa o incluso baja en años cálidos, la hace más proclive a buscar la compañía de otras uvas que suplan esta carencia.

La elección de ciertas variedades en detrimento de otras y en función de la ubicación y la filosofía de cada bodega da enormes posibilidades de diferenciación. Uno de los ejemplos más claros es Pazo Casanova, situada en el extremo oriental de la denominación, muy cerca de Orense y dentro de un paisaje de amplios horizontes gracias al mayor desahogo visual que proporciona el valle del Miño.

Su blanco básico Casanova incluye un 80% de treixadura con godello, albariño y loureiro, mientras que en el Máxima de reducida producción la combinación es de un 60% de treixadura y un 40% de godello. La notable opulencia y untuosidad que da la godello  le sitúa a medio camino entre el estilo del Ribeiro y el de los blancos de Valdeorras.

Álvaro Bueno, enólogo itinerante por 14 bodegas gallegas (cinco de ellas en Ribeiro) y que se hace 80.000 kilómetros al año para cumplir con una visita semanal a cada una de ellas, considera que los vinos multivarietales dan más juego: “Si la treixadura madura mucho y no hay otra uva, hay que corregir la acidez, pero si disponemos de albariño, loureiro o lado, se compensa de forma natural”.

En Eduardo Peña, una de las bodegas que asesora y que se estrenó con la añada 2008, la loureira aporta buenas dosis de acidez y un claro aroma a laurel, da la nota distintiva a su segundo vino María Andrea, que se distingue por su frescura y fragantes toques de hierbas.

Antonio Cajide Gulín, un pequeño productor-viticultor de la zona es un acérrimo defensor de combinar distintas uvas en la botella. Su blanco Sameirás 2009, un ensamblaje de treixadura, alabriño, godello, lado y loureira, ofrece una expresión nítida y con relieve de la típica fruta dulce y madura de la zona.

Emilio Rojo dedica su vida a una solitaria viña orientada a naciente y situada en un claro de bosque en el valle del Avia, justo en la orilla opuesta a donde se concentra la mayor parte del viñedo. Su ribeiro consta de un 65% de treixadura y el resto es una combinación de loureiro, albariño, lado, godello y torrontés.

El valle del Avia impacta por la belleza del paisaje y el poso histórico asociado al monasterio de San Clodio, hoy transformado en un muy recomendable hotel entre viñedos. El año pasado, cuatro elaboradores de esta zona, Casal de Armán, Coto de Gomariz, San Clodio y Viña Meín, crearon la asociación Ribeiros do Avia para promover la especificidad de esta zona y desarrollar su potencial turístico y cultural asociado a los vinos de calidad y la defensa de las variedades autóctonas.

En Coto de Gomariz es un placer contemplar los viñedos recuperados del que se supone que es el coto vinícola más antiguo de la Península, implantado por la orden del Císter en el siglo X, con sus socalcos y terrazas. Uno de sus blancos más originales es el Gomariz X, un albariño con sólo un 5% de treixadura –y otra vuelta del tuerca dentro del puzzle varietal de la comarca–, muy diferente a los de Rías Baixas: cítrico, con notas césped, lichi, sensaciones muy verdes en general y acidez muy viva y refrescante.

La mayoría de vinos del Ribeiro son excelentes divulgadores de su riqueza varietal, ya que casi todos incluyen los nombres de las uvas con las que están elaborados en la etiqueta. Fijaros bien la próxima vez que bebáis uno (si no, no estaréis al día de lo último en blancos españoles).

Si queréis saber más cosas sobre los vinos esta bella región orensana, consultad el artículo íntegro en el número 50 de nuestra revista.